

El crash del 5 de febrero no fue un fallo de los fundamentos de Bitcoin, sino una “resonancia estructural” provocada por el desapalancamiento de las finanzas tradicionales (TradFi); cuando el invierno de liquidez de Wall Street se encontró con la antifragilidad del oro digital, el mínimo de precios resultante no fue un final, sino un regalo para los inversores de valor.

El auge de USD1 es el resultado de la convergencia entre el progreso tecnológico y la ola de cumplimiento normativo. Con reservas transparentes, una postura plenamente regulada y un sólido respaldo ecosistémico, ha dejado una marca significativa en la historia de las criptomonedas.